No es chiste. Las enfermedades cardiovasculares son las principales causantes de muerte en el mundo. Según datos de la World Heart Federation (WHF) son las responsables de 17,3 millones de muertes al año, y se espera que para 2030 esta cifra aumente a 23 millones.
Y si bien es sabido que evitar la sal en exceso y el tabaquismo, mantener la obesidad a raya y hacer actividad física son las recomendaciones de cabecera para un corazón sano, de un tiempo a esta parte la vida urbana se convirtió en un factor de riesgo amenazante para la salud cardíaca.
Por eso, qué mejor que el Día Mundial del Corazón, que se conmemora cada 29 de septiembre, para concientizar sobre un mal que lejos está de ser controlado.
De ahí que, en continuidad con el lema propuesto para la edición anterior, este año se vuelve a trabajar sobre la importancia de la creación de entornos saludables para el corazón, de manera que los lugares donde cada persona desarrolla su día a día no aumenten el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares (ECV) sino que, por el contrario, favorezcan y faciliten la adquisición de hábitos y estilos de vida más saludables.
Es que, dicen los que saben, las grandes ciudades enfrentan continuamente a quienes en ellas habitan con desafíos y limitaciones que afectan la posibilidad de tomar decisiones saludables para el corazón, especialmente en los niños. Por eso, se vuelve fundamental revertir las consecuencias negativas que la urbanización presenta detectando aquellos entornos desfavorables que plantean la comunidad, el hogar, el trabajo, la escuela, los entornos de vida más inmediatos como la falta de acceso a los espacios verdes; escasas propuestas saludables en las escuelas; muestra abrumadora de consumo de cigarrillo, alcohol y comida rica en grasas y sodio; exposición al humo de cigarrillo ajeno en los parques, los autos, etc.
El doctor Néstor Pérez Baliño (MN 38399) preside la Fundación Cardiológica Argentina y analizó que muchas veces se pierde de vista lo vulnerables que son los niños a las ECV. "Su riesgo puede comenzar desde edades tempranas, incluso antes de su nacimiento (durante el desarrollo del feto), y aumentar durante la infancia a partir de las decisiones que como adultos tomemos alrededor de ellos", remarcó.
Al parecer, la exposición a dietas poco saludables, la falta de ejercicio y el tabaquismo, son sólo algunos factores de riesgo que podemos modificar realizando pequeños cambios en los estilos de vida. Al menos el 80% de las muertes prematuras por ECV podrían evitarse si estos factores se controlaran o evitaran.
Por eso, cobra vital importancia la promoción de espacios que favorezcan la posibilidad de elegir los mejores ambientes para desarrollar nuestra vida. En ese sentido, Pérez Baliño recomendó algunas medidas que contribuyen a la construcción de entornos más saludables para nuestra salud y la de nuestro corazón:
-Procurar tener al alcance una variada opción de alimentos, limitando el consumo de comida envasada (rica en azúcar, grasa y sodio) e incorporando frutas y verduras frescas.
-Preparar en casa las viandas escolares y evitar que los chicos compren en el quiosco del colegio productos que no siempre son nutritivos.
-Dejar de fumar y convertirse así en un modelo positivo para los más chicos. Y, si fuma, evitar hacerlo en casa.
-Llevar una vida activa, limitando el uso de la televisión en casa y organizando más actividades al aire libre: caminatas, andar en bicicleta o simplemente jugar en el jardín o la plaza.
-Conocer el riesgo de padecer enfermedad cardiovascular y visitar al médico para que, como rutina, pueda medir nuestra presión arterial, niveles de colesterol y glucosa, peso y masa corporal.
-Ser un buen ejemplo a seguir para que nuestros chicos puedan tener un mundo con mejores corazones.
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Redacción / @PanamaAmerica
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