El avión despegó del Aeropuerto Internacional de Tocumen y al poco tiempo de dejar atrás el verde paisaje panameño, el horizonte comenzó a teñirse del intenso azul del Caribe. En un abrir y cerrar de ojos estábamos en Nassau, capital de Las Bahamas.
El vuelo Panamá-Nassau (Copa) duró 2:30 horas; en las cuales dejamos atrás el lluvioso clima panameño, para ser recibidos por el radiante sol que se dejaba caer sobre el Aeropuerto Internacional Lynden Pindling.

Nos recibió el sol y un grupo que tocaba una melodía que en un inicio parecía calipso, pero que en los próximos días llegaría a llamar por su nombre, “junkanoo”; la rítmica melodía que alegra los Carnavales bahamenses.
Tomamos de West Bay Street, rumbo a Atlantis, el emblemático "resort" de Las Bahamas, ubicado en Paradise Island. A lo largo de toda la vía, los bahamenses realizaban su rutina del mediodía: estacionar el auto, darse un chapuzón en las prístinas aguas costeras y de vuelta al auto.

La huella de los bañistas apenas se nota en las azules aguas, pues pese a la cercanía a una de las vías más transitadas de Nassau, no hay desperdicios en sus orillas.
En la misma vía los "resorts" de grandes cadenas hoteleras y restaurantes de comida criolla comparten espacio. West Bay Street es la imagen misma de Las Bahamas; un lugar donde lo global y las tradiciones coexisten en armonía.

Media hora después de salir del aeropuerto, llegamos a Paradise Island, no sin atravesar el largo puente que separa a esta localidad del resto de Nassau.
En el paraíso.
Buena parte de Paradise Island está ocupada por el Atlantis, cuya estructura resalta entre el mar y cientos de jardines de esta zona.

Este “hotel ciudad”, inspirado en la leyenda de la Atlántida, el continente perdido en el mar que ha alimentado la imaginación humana durante siglos, es capaz de albergar a 14,000 personas.
Durante el registro, nos ofrecieron un folleto y mapas, para salir a recorrerlo por cuenta propia. Semejante guía es más que necesaria, tomando en cuenta que por sus dimensiones el hotel ostenta varios récords. Posee el casino y el parque acuático (Aquaventure) más grandes del Caribe.

Debajo de sus torres está The Dig, un acuario con más de 3,000 criaturas que nadan alrededor de estructuras submarinas.
Dentro y fuera de este mundo de fantasía, nos esperaban días de exuberantes playas, buena comida y fiesta con "junkadoo", al más fiel estilo bahamense.

En el corazón de Nassau.
Una visita a Las Bahamas no sería tal sin conocer su “downtown”.
La zona tiene suficiente movimiento como para dejar claro que se está en el centro financiero de Las Bahamas, pero sin el intenso flujo de personas, característico de las capitales, ni el ruido de las congestiones vehiculares; es, más bien, un lugar pintoresco y de coloridos edificios.

El “downtown” es un lugar para disfrutar de la comida tradicional de las islas, en restaurantes como Conch Fritters y Montagu Gardens Steak & Grill.
Las tiendas de diamantes “con descuento” también son un atractivo para muchos. Si sus vidrieras no captan la atención, lo harán los vendedores que vocean a la puerta.

Dos lugares más accesibles, el Museo de Piratas de Nassau (George Street) y el Mercado de Artesanías (Bay Street), son puntos que merecen ser recorridos en con tiempo.
