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A pesar de que Portugal no produce directamente café, el llamado grano de oro está tan íntimamente ligado a su cultura que el país cuenta ahora con un moderno museo que le rinde homenaje con fines divulgativos y turísticos.
La iniciativa corre a cargo de la marca Delta, que compra los granos a países como Brasil o Colombia, y los procesa en su planta de torrefacción, considerado uno de los secretos del café luso, popularmente reconocido como uno de los mejores del mundo.

La pasión de los portugueses por esta bebida es bien visible en un mero paseo por sus calles y sus bares más tradicionales, pequeños rincones donde la pequeña bica -equivalente al expresso- es poco menos que un símbolo nacional y se ha erigido incluso en un rito imprescindible para los turistas.
Alejado de los grandes núcleos urbanos, el municipio de Campo Maior, a 225 kilómetros de Lisboa y fronterizo con la región española de Extremadura, alberga el Centro de Ciencia del Café, un museo que ocupa una superficie de 3,500 metros cuadrados y que aspira a erigirse en nuevo polo de atracción de visitantes para revitalizar la economía de la zona de marcado, de carácter rural.

Poseedor de una de las mayores fortunas lusas gracias a un emporio empresarial que abarca diferentes sectores (agricultura, vino, inmobiliario, etcétera), el Grupo Nabeiro es el mayor empleador de todo Campo Maior, ya que en torno a dos mil de sus ocho mil habitantes trabajan en él.
El centro fue inaugurado el 28 de marzo y ya sobrepasamos los 5 mil visitantes. Aún no tenemos datos sobre el retorno económico del proyecto para la región, pero pretendemos que sea un importante polo de atracción turística y que contribuya a sectores como la restauración o la hostelería, explicó a Efe su directora, Cecilia Oliveira.
El museo recorre la historia del café, desde su cultivo hasta su traslado y posterior torrefacción en Portugal, pero lo hace de forma multimedia, a través de paneles interactivos, simuladores, juegos y videos.
Quien visita sus instalaciones puede someterse a diferentes experiencias sensoriales como percibir el clima húmedo donde crecen las semillas, entrar en una antigua planta de torrefacción o navegar en un buque del siglo XV, la época en que el café llegó a Europa gracias a los conquistadores lusos.
Visitas virtuales a algunas de las más emblemáticas cafeterías del país o un recorrido por antiguas máquinas de café son otras de las actividades que ofrece este museo, que incluye una biblioteca con documentación especializada.
Aunque en el centro no se realiza investigación propiamente dicha, entre sus socios se entremezclan universidades, instituciones y empresas del sector con el propósito de divulgar las características y propiedades de este producto.
En ese espacio se prevé organizar además conferencias y simposios relacionados con el leit motiv de este centro, que en opinión de Oliveira es único en Europa, comparable al impulsado por Heineken en Amsterdam sobre la cerveza.