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- Sistema giratorio
- Sergio Sergio Gil, ejecutivo de la bodega, me explicó que consiste en colocar los tanques de fermentación sobre una plataforma giratoria que permite que cada tanque se coloque a su turno, en el sitio donde se produce el proceso de drenado del caldo a un tanque receptor situado un escalón más abajo. Luego este tanque receptor es izado sobre el nivel del tanque de fermentación y el caldo es vertido en ese o en un nuevo tanque, dependiendo de que se esté efectuando un remontado o un trasvase. De esta forma se inicia la elaboración de los vinos de Carmelo Rodero, de los que les comentaré la próxima vez.
Sabiendo que se me acababa la parte divertida del viaje, agoté lo que quedaba de mi visita a la Ribera el Duero, antes de enfrascarme en el congreso médico.
Y no es que no me interese mi congreso, todo lo contrario, por algo hice tan largo viaje. Pero debo confesar que es agradable caminar por los viñedos, catar los vinos de cada productor, aspirar el aroma de las barricas nuevas y el fuerte y picante aroma del vino mientras evoluciona en las barricas, conversar con los creadores de estos milagros y, en fin, vivir la aventura del mundo del vino.

Y con esta idea en mente, salí temprano de Peñafiel para dirigirme a Pedrosa de Duero donde me esperaba Carmelo Romero, uno de los productores más señeros de la región, y heredero de una tradición de cuatro generaciones de vitivinicultores.
Desde joven mostró su cualidad emprendedora, y sin haber alcanzado la mayoría de edad, con apenas 14 años, ya había iniciado una empresa para empacar paja con una maquinaria comprada a crédito en Aranda de Duero.

El día que cerró el trato con el concesionario regresó temprano a su pueblo, y tomando su bicicleta, recorrió los pueblos de los alrededores y al anochecer ya había cerrado contratos para pagar la mitad de la maquinaria. A los 17 años era propietario de un tractor, nueva maquinaria y había contratado a una persona para que lo ayudara en las tareas.
Ese año contrató, con una compañía azucarera, la entrega de 2 millones de kilos de paja y ganó más dinero que su padre en diez años.

Esta empresa no le impidió aprender los secretos de la actividad familiar hasta que decide independizarse, y con los ahorros de su esfuerzo y de su empresa, adquiere 50 hectáreas de viñedos y llevaba las uvas a la bodega cooperativa de viticultores que fundara su abuelo. Su inquietud y deseos de innovación lo llevaron a proponer reestructurar la bodega, pero chocó con la resistencia de los conservadores cooperativistas y decidió apartarse, con gran disgusto, de su padre. Sus uvas eran de tan buena calidad que durante 14 años su producción fue comprada por la afamada Bodega Vega Sicilia.
En 1990 decidió construir su propia bodega y elaborar un vino que reuniese la tradición y al mismo tiempo las preferencias de los mercados.
Sus vinos han tenido una excelente aceptación y han sido premiados. La bodega se encuentra en la cima de una suave elevación en Pedrosa de Duero, pequeña villa y municipio enclavada en el cruce de carreteras que van a Roa y a Boada de Roa.
Es un austero edificio de una planta con un clásico y sobrio estilo campestre castellano adornado de un alegre y multicolor jardín que saluda a los siempre bienvenidos visitantes de Carmelo Rodero.
A la llegada a la bodega, me esperaba Sergio Gil, ejecutivo de la bodega quien se encargó de enseñarme las dependencias.
Adjunto al edificio que alberga las oficinas se encuentra la nave en la que ocurre el milagro de conversión del mosto en vino.
Al entrar en la nave de fermentación, me sorprendió el sistema giratorio que es el corazón del sistema y que fue ideado y patentado por Carmelo Rodero y utiliza la gravedad y no las bombas eléctricas como método para llenar y trasvasar los caldos.