Hollywood se ha encargado de dar a conocer, a través de sus películas, las ahora famosísimas Cataratas del Niágara. No negamos la belleza natural de este lugar, pero en nuestro continente existe, en nuestra opinión, un set de cascadas de fisonomía parecida, pero más impresionantes, localizadas en uno de los puntos de la frontera entre Argentina y Brasil. Estamos hablando de las Cataratas del Iguazú. Y no en vano han sido confirmadas como una de las 7 maravillas del mundo según la New Open World Corporation.
Para llegar a Iguazú desde Buenos Aires, la capital Argentina, hay dos opciones: un viaje en autobús de aproximadamente 17 horas o tomar alguno de los vuelos comerciales que tardan más o menos 2 horas en llegar al destino.

Una vez en Iguazú, encontramos una buena oferta de buses públicos que pasan por toda el área e inclusive nos llevaron al lado brasileño de las cataratas. Para nuestra suerte, los panameños no requerimos de una visa para entrar a Argentina ni a Brasil, por lo que nos pudimos mover libremente entre los dos países apreciando las diferentes vistas de las cataratas desde uno y otro lado de la frontera.
La más imponente de las cascadas (en total hay más de 270 en el área), es la que llaman La Garganta del Diablo, con una caída de más de 80 metros. En ambos lados de la frontera se han instalado pasarelas que van a través del bosque y que recorren el área, permitiendo unas vistas que pocos lugares del planeta pueden ofrecer.
También está la posibilidad de tomar una lancha con motores muy potentes que avanzan hasta la misma base de uno de los saltos, mostrando una perspectiva aún más cautivadora.
Si ha escuchado de las Cataratas del Niágara y se ha maravillado por las escenas presentadas en las diferentes películas, es probable que en Iguazú, la sorpresa será muy agradable. Una muestra de que los lugares más publicitados son los mejores lugares para visitar.