Zaragoza: la multitudinaria ofrenda floral a la Virgen de la Hispanidad

Llega el 12 de octubre y, con ello, cientos de miles de personas participan en la localidad española de Zaragoza en una multitudinaria ofrenda floral a la Virgen del Pilar, patrona de la ciudad y también de la Hispanidad. Una tradición con poco más de cincuenta años de historia.

Pero, ¿de dónde viene esta costumbre?, ¿quién fue su mentor? y ¿en qué consiste?

 

Según cuenta la tradición, hace 1975 años, allá por el año 40 después de Cristo, la Virgen María cuando todavía moraba por este mundo terrenal se le apareció en Zaragoza al Apóstol Santiago junto a un pilar a orillas del río Ebro.

Al parecer, el apóstol estaba por estas tierras predicando el Evangelio sin mucho éxito. La Virgen llegó para darle fuerza y le pidió que levantara un templo. Y dicho y hecho.

Desde entonces han corrido ríos de tinta y, en pleno siglo XXI, sea cuestión de fe o simplemente por tradición, lo cierto es que Zaragoza se ha convertido en una de las capitales del mundo que más agasaja y honra a su Virgen. En cuanto a aquel templo inicial, se ha transformado en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, uno de los monumentos más emblemáticos de España y una joya del Barroco.

 
Y cada 12 de octubre, Zaragoza se convierte en una de las ciudades más concurridas de España. Provenientes de todos los rincones del mundo, especialmente de España e Hispanoamérica, ataviados con los trajes típicos de cada zona, zaragozanos y forasteros abarrotan literalmente el centro de la ciudad para participar en un interminable desfile que comienza a las siete y media de la mañana y no termina hasta el anochecer. Son alrededor de doce horas ininterrumpidas de personas caminando y bailando con flores.

Al son de la música y vestidos con trajes típicos de sus respectivas zonas de procedencia, los asistentes salen organizados por grupos desde distintos puntos de la ciudad, para llegar a la Basílica de Nuestra Señora del Pilar.

Allí, en la plaza, en lo alto de una estructura metálica de dieciséis metros de altura, bien amarrada por si acaso se levanta el cierzo, se erige la Virgen. A sus pies, los fieles van depositando flores, que se van entretejiendo hasta conformar una gran montaña, que simula ser el manto de la Virgen.

 
Para hacerse una idea del evento, solo el dispositivo humano habilitado para que todo salga conforme a lo previsto está integrado por un millar de personas.

 

 


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Reportajes/EFE
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