Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la artritis reumatoide es una enfermedad que afecta aproximadamente a 40 millones de personas en el mundo, de las cuales, dos de cada tres pacientes son mujeres.
Se trata de una enfermedad crónica, de causa desconocida y autoinmune, en la que ciertas células del sistema inmunológico no funcionan correctamente y atacan tejidos sanos.
La misma puede generar una destrucción progresiva de las áreas afectadas y distintos grados de deformidad e incapacidad funcional. En ocasiones, puede tener manifestaciones extrarticulares que afectan otros órganos y sistemas, como ojos, pulmones, corazón y vasos sanguíneos, entre otros.
Es también una de las más de 100 enfermedades reumáticas que existen en el mundo; otras son la tendinitis o el lupus eritematoso generalizado.
Cuidados
La alimentación adecuada de los pacientes permite disminuir los síntomas de la enfermedad. Además, evita el sobrepeso y mejora los trastornos inflamatorios asociados al hueso y a las articulaciones. Se les recomienda consumir muchas verduras y frutas, así como suficientes cereales combinados con leguminosas y pocos alimentos de origen animal. Alimentos ricos en antioxidantes y antiinflamatorios, como legumbres, granos integrales, ajo, zanahorias, limón y mango. Algunos suplementos ricos en aceites y omega 3 y 6, como el aguacate y salmón. Estos tienen efectos favorables sobre el proceso inflamatorio y mejoran la flexibilidad de las articulaciones.
Adicionalmente, se deben evitar las grasas animales, los productos salados, el alcohol y tabaco.
Una enfermedad que requiere tratamiento
Acuda a su médico
El tiempo de consulta con el reumatólogo es vital en el tratamiento de esta enfermedad, que suele ser multidisciplinario, para obtener un mejor control de la misma.
Si bien la AR no tiene cura, existen tratamientos que permiten, cada vez más, un mayor control al minimizar los síntomas, detener su progresión y evitar el funcionamiento deficiente de las articulaciones, para que no haya un daño permanente. Destacan las terapias modificadoras de la enfermedad, las cuales hacen que sus efectos, a largo plazo, sean menores. Ofrecen un alto grado de alivio de los síntomas a los pacientes, quienes pueden realizar sus actividades diarias de forma normal o casi normal. Además, están los medicamentos para el dolor e inflamación a corto plazo (antiinflamatorios no esteroideos conocidos como Aine), disminuyen la hinchazón y sobrellevan el dolor diario, pero no modifican la evolución de la enfermedad.