La línea entre lo humano y lo artificial se vuelve cada vez más difusa.
Los casos de personas que aseguran haberse enamorado o hasta mantener una relación con alguna Inteligencia Artificial crecen en el mundo, generando debates sobre los vacíos emocionales, la naturaleza del amor y los riesgos psicológicos de esta nueva forma de vínculo.La psicóloga clínica Madelaine Castro Ríos señaló que "enamorarse es un estado emocional intenso que requiere interacción real", y advierte que en las relaciones con IA "no necesariamente tenemos individuos enamorados de la inteligencia artificial, sino individuos muy cómodos y afectuosamente atendidos por las bondades de la tecnología, satisfaciendo un vacío emocional".
Según Castro, estas relaciones suplen necesidades humanas fundamentales: sentirse escuchados, comprendidos y validados.
Sin embargo, resalta que la IA, aunque capaz de proporcionar respuestas empáticas y adaptadas, lo hace extrayendo datos de bases generales o personales, sin involucrar una verdadera reciprocidad emocional. "Es un espacio que brinda mucho, pero pide poco o nada", explica.
Un informe publicado en 2023, por el "Journal of Artificial Intelligence Research", destaca que las aplicaciones conversacionales y los chatbots emocionales están diseñados para maximizar la sensación de comprensión y conexión, incluso imitando patrones lingüísticos y emocionales humanos para generar una mayor intimidad.