'Burnout docente': más allá del cansancio, un riesgo para la calidad educativa

La docencia no solo guarda relación con la enseñanza porque es una profesión de alta carga emocional. Durante la práctica se requiere de contención de conflictos, motivar en contextos adversos y cumplir tareas fuera de horario escolar.

Cuando estas exigencias no son cónsonas con pausas reales, autonomía y apoyo institucional, el desgaste se vuelve estructural, lo que se conoce como burnout docente.

María Méndez, presidenta y fundadora de Vacation is a Human Right (VIAHR), explicó, en el artículo "¿Quién cuida a quienes educan? Los profesores y el costo silencioso del agotamiento", que el burnout docente no es un problema individual. Está asociado con mayor intención de abandono de la profesión, disminución del compromiso y afectación del clima escolar.

 

"(...) Cuando un profesor se agota, el impacto alcanza a estudiantes y comunidades educativas", comentó. Por lo tanto, cuidar a quienes educan no solo es un gesto simbólico, sino la protección de la calidad de la educación y el futuro de las aulas, porque enseñar no debería costar la salud.

Christina Maslach, que estudió y conceptualizó el síndrome, identificó tres dimensiones clave: agotamiento emocional, despersonalización y baja realización profesional. En el caso de los docentes, el agotamiento emocional suele ser el componente más predominante.

Causas

El burnout, como un fenómeno ocupacional, es el resultado del estrés laboral crónico que no ha sido gestionado con éxito, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 

Desde VIAHR ( https://www.viahr.org/) se afirmó que el descanso no es un beneficio accesorio, sino una condición de sostenibilidad. En el ámbito educativo, esto implica revisar cargas administrativas, promover liderazgos empáticos y garantizar espacios de desconexión reales.


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Belys Toribio | ctoribio@epasa.com | @BelysToribio
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