Tiempo de jolgorio, compras compulsivas, tradiciones, visitas a familiares y amigos, trasnochar y más, es común en estos días. También algunos comparten con personas que no son ni familiares ni amigos. Extraños, los llaman algunos. Prójimo, diría yo.
En esa categoría encajan todos aquellos que están necesitados de un aliciente (adultos mayores, enfermos, privados de libertad, dolientes), pero, sobre todo de alguien que los escuche.
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Esas personas, con hambre de atención, de consuelo, que experimentan sensación de vacío existencial, sin distinción de género, escala social, nivel académico, abundan. Pero, a veces no las vemos, por estar tan ocupados en pensar en acumular, disfrutar, vivir la vida. Hay que aprender a verlas con los ojos del corazón y quizás si sacamos tiempo para mirar en derredor, las encontremos. Suelen estar allí, esperando por alguien que las descubra. Tú, yo, todos, podemos ser ese alguien. Estar en el momento preciso, decir la palabra apropiada, ofrecerles escucha empática.
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