Para medir la actividad telúrica sobre una zona determinada, el sismógrafo es el instrumento usado por quienes estudian el comportamiento del suelo, para medir los movimientos de la tierra.
Este consiste de un sensor que detecta el movimiento de la tierra, y está conectado a un sistema de registro.
Un sismómetro es sensible a movimientos verticales del terreno, pueda ser visualizado como una pesa suspendida de un resorte que a su vez están suspendidos sobre una base que se mueve con los movimientos de la superficie de la tierra.
Posteriormente, la frecuencia emitida por el sismómetro suministra la magnitud del sismo.
La magnitud es la energía liberada por los sismos, la cual se diferencia de la intensidad, que es la manera como las personas perciben el sismo, y puede variar según la distancia del epicentro, o zona de choque que provoca el sismo.
Según la geología del punto donde se produce el sismo y su profundidad, la magnitud del movimiento puede desplazarse con mayor o menor brevedad; sin embargo, en Panamá la actividad suele mantenerse en baja intensidad, pero sin ser cuantificable, es decir, menos de los 2.0 grados.
Entre más sismógrafos existan en una zona determinada, mayor es la exactitud que habrá en los datos que se suministren al centro de monitoreo, explican expertos del Instituto de Geociencias.