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De la violencia y sus códigos


Jesús López / Psicólogo (opinion@epasa.com) / -

La violencia es un fenómeno tan antiguo como la propia humanidad, se trata de un mecanismo de interacción inaceptable entre seres humanos y que nos habla acerca del poder del más fuerte, del que tiene el capricho, la mala voluntad, el deseo de imponer su propio ánimo, lo cual hoy continúa, y a medida que se avanza en el camino de la civilización notamos que los efectos de esa violencia van más allá de lo que se puede imaginar. Al punto de que en este instante histórico la violencia se ha ido perfeccionando y las conductas que la acompañan se vuelven cada vez más atroces. La intención de este artículo, y a la vez análisis, es poder dar luces sobre situaciones que no son del todo claras o evidentes para la mayoría de las personas y por lo menos crear la inquietud en el ánimo de quienes leen y estimular el deseo de estudiar dando un paso más allá.

Escuchamos a nuestras autoridades hablar sobre lo que acontece en el país en cuanto a temas de violencia, crímenes, asesinatos, violencia social, delictiva, en fin, todas aquellas manifestaciones de lo no humano y siempre recalcan la forma en que la intensidad de la violencia va aumentando (lo cual sí puede ser algo nuevo y preocupante), y eso nos debe llevar a una reflexión más allá de lo que hacemos siempre.

Para ubicarnos en contexto vamos a analizar algunas formas de violencia y sus manifestaciones. Iniciaríamos por decir que entre miles de explicaciones existen algunas que vamos a mencionar para explicarlo de manera filosófica o de otra índole, pero no abarcan toda la explicación del hecho, ni de cerca. Por ejemplo, para Nicolás Maquiavelo, al igual que para Friedrich Nietzsche, la violencia es algo inherente al género humano y la guerra una necesidad de los Estados (¿qué diríamos del crimen organizado o la delincuencia común?); en tanto, para Marx y Engels (los padres de la teoría marxista), la violencia, aparte de ser un producto de la lucha de clases, es un medio y no un fin, dado que sirve para transformar las estructuras sociales y económicas de la sociedad, pero no para eliminar a las personas en sí. Además, ellos también estiman que existe una violencia reaccionaria, que usa la burguesía, los ricos, para defender sus privilegios, y otra violencia revolucionaria, que tiende a destruir el aparato burocrático-militar de la clase dominante (el Estado).

La violencia se va diversificando y nos encontramos hoy con una situación de incremento marcada por una mayor saña y maldad. Es así que llegamos a observar que si bien hay una conducta condenable, que es el crimen y el asesinato, debemos entender que no todos lo hacen de la misma forma y las motivaciones y consecuencias, así como los mensajes que se envían, tienen intenciones diferentes.

Veamos la conducta de los que cometen asesinatos de tipo político, los cuales surgen al calor de pugnas en las que se juega el poder político y social de un país, y surgen las guerras civiles y las luchas dentro de los países.

Es así que durante la Guerra Civil Española, ambos bandos utilizaron la violencia como mecanismo de terror, de sometimiento del enemigo y se procedía a cometer atrocidades que para unos u otros pueden estar bien o mal según el grupo o facción a la cual se pertenezca. Tal como se vio en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Perú, Colombia, Centroamérica (excepción hecha con Costa Rica).

El objetivo para los cuerpos de seguridad oficial de los Estados es “acabar con la insurgencia”, mantener el orden legalmente constituido, pero utilizando como base de su éxito el terror, el miedo colectivo de toda la sociedad. Se constituyeron campos de exterminio, de tortura, en los cuales se acababa de la forma más terrible con la vida de los involucrados de algún modo en los conflictos. Por la otra vía se recurría a las famosas cárceles del pueblo, en las que se hacían juicios sumarios con personas constituidas como tribunales de justicia y donde se dictaban sentencias, cuyas condenas eran siempre de pena capital. Del mismo modo, su intención es atemorizar al enemigo, tratar de decirle que la impunidad de los crímenes no será una posibilidad.

Un caso muy emblemático fue el del reconocido agente de la CIA, el estadounidense Daniel Anthony Mitrione, experto en técnicas de torturas, quien fue ejecutado por la guerrilla urbana de Los Tupamaros de Uruguay, del cual uno de sus grandes cabecillas es el actual presidente del Uruguay, José “Pepe” Mujica; luego de ser secuestrado de su casa por los guerrilleros fue enjuiciado en una cárcel popular y ejecutado a los pocos días y abandonado en una céntrica calle de Montevideo. Ese tipo de conducta lo que significa es que los guerrilleros reclaman varias cosas: 1- que están para disputar el poder social, político y económico con el Estado legítimo, 2- se convierten en una especie de gobierno paralelo, que llega a niveles de dar servicios a la población, como en Colombia, cuando las Farc o el M-19 ocupaban extensas zonas y eran policía, atendían la salud, procuraban servicios básicos, etc., y 3- que eso quiere decir que están preparados no solo para enfrentar bélicamente al gobierno, sino para reemplazarlo, por eso su equiparación en cuanto a actos violentos y otros tipos de conductas más.

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Viernes 14 de agosto de 2026