El pueblo y los nuevos gobernantes
“El mayor escándalo no es que exista el hambre, sino que persista aún cuando tenemos los medios para eliminarla. Es momento de actuar. El hambre no puede esperar”. La frase es una declaración de líderes mundiales en el marco de la Reunión de la Organización de las Naciones Unidas sobre el Hambre y la Pobreza, realizada el 20 de septiembre de 2004. La lucha personal del papa Francisco no hace más que recordarnos que la pobreza no es un designio de Dios, si no el producto de las injusticias sociales.
El Gobierno panameño, al suscribir los Objetivos del Milenio, se comprometió a reducir a la mitad los niveles de pobreza para 2015. Se espera sacar de la pobreza al menos a 250,000 personas a través de los proyectos de la Red de Protección Social. El sistema se implementa a través de un subsidio directo para las familias en pobreza extrema. Durante la actual administración, se han añadido subsidios escolares y una asignación para los mayores de 70 años. El sistema de protección social deberá estar acompañado de otros programas orientados a confrontar las causas de la pobreza, promoviendo la organización social, el desarrollo de las capacidades productivas de los hogares y el acceso a los servicios sociales y a las oportunidades. El nuevo gobierno deberá priorizar el desarrollo de programas de mejoramiento productivo, agropecuario y comercial.
Necesitamos desarrollar la capacidad tangible de observar y medir cómo se ha incrementado de manera permanente el ingreso anual familiar, en cuánto se ha superado la calidad y el estilo de vida, paralelo al mejoramiento de los indicadores de morbilidad, mortalidad y discapacidad; en qué medida se ha aumentado el nivel de escolaridad y de formación técnica y profesional de las comunidades apoyadas por el Sistema de Protección Social; cuál ha sido la pertinencia, adecuación y eficiencia de las actividades ejecutadas en los diversos procesos; en qué medida la infraestructura de apoyo básica para lograr el desarrollo se ha concretado en carreteras, centros de salud, escuelas, granjas de producción. Y cuándo estaremos en capacidad de cuantificar la eficacia de los productos y la efectividad de los impactos.
La verdad, estimados lectores, es que este país es realmente un paisaje que se ve desde lo alto de un rascacielos cuando se está en el poder y al lado de una letrina cuando se está en oposición. Todavía recuerdo la frase expresada por un cacique guaymí en 1975 al general Torrijos: “General, mi pueblo tiene hambre y hambre quiere hoy, hambre no quiere mañana”.