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Las Jornadas Mundiales de la Juventud


Rosendo Torres (opinion@epasa.com) / Sacerdote jesuita

Aunque todo lo que sabemos es lo que vimos por la televisión en el canal EWTN en un servicio completo que nos ofrecieran durante toda esta semana que pasó, nos sentimos como si hubiéramos estado en ese montón de asistentes a ese cuasi “revival” celebrado en Brasil.

En la entrega anterior describimos detalles de la primera parte de la llegada del papa Francisco, en la que señalábamos las particularidades del protocolo brasileño y en donde me dicen que la parte opaca del arribo del papa, en ese largo viaje del aeropuerto en un pequeño carro entre multitudes descontroladas, más bien se debió a un error de uno de los conductores, pero desde allí en adelante todo se arregló, aunque vino después el componente de la lluvia que tampoco hizo desmerecer la evolución de los eventos como habían sido planificados.

Es obvio y será obvio escuchar a nuestros compatriotas y obispos que asistieron al encuentro con el papa Francisco, que ojalá sus testimonios sean presentados con notoriedad cuando lleguen. No como ha sido con los otros encuentros mundiales a los que han asistido grupos de panameños que cuando volvieron solo nos han hecho conocer de sus penalidades al principio y luego no nos han hecho partícipes de sus emociones y planes de apostolado.

Para sorpresa mía, hace más de un año una pareja de jóvenes italianos, con la antelación de un año, me pidieron celebrar su matrimonio religioso en la isla Contadora, a lo cual yo les repuse que tendrían que cumplir con un número "X" de requisitos, los cuales fueron cumpliendo con exactitud y llegó el día en que sencillamente celebramos la boda y luego al preguntarles por ese gusto tan extraño, ya que vinieron desde tan lejos un grupo de jóvenes italianos a la boda, me respondieron que ellos eran el resultado de uno de los Encuentros Juveniles Mundiales y estaban tratando de vivir su fe de acuerdo con las enseñanzas aprendidas en el encuentro.

Volviendo a las impresiones personales, me uno a la frase del que dijo que la presencia del papa Francisco era la presencia de Cristo en esas reuniones. Fuera de las ya conocidas cualidades del papa, admirable por su sencillez y ser descomplicado, digno es de notar su entereza física.

Solo pensar en ese ajetreo de viajar de un lado para otro para dirigirles la palabra y para escuchar a mucha gente, solo pensarlo ya uno siente cansancio; sin embargo, a pesar de solo tener un pulmón, no se le notó la respiración cortada. “No dejo de pensar que lo que no se vio por televisión, sucedió, las complicaciones que surgirían en el campo de la seguridad ya que el papa quería saludar a todo el mundo, al revés de lo que sucede con otros prelados que tienen como norma "mientras más lejos del pueblo, mejor".

Si algo nos interesa ahora es recordar las palabras, el tema recurrente y afortunadamente el texto de estos discursos nos ha llegado y en esta columna los iremos reproduciendo textualmente, a fin de gozarlos y entenderlos de nuevo.

Muchas personas, el gesto que mejor recordarán es el de la visita a las favelas y el abrazar a sus habitantes, eso se dice fácilmente, pero muy pocos se atreven a hacer ese gesto con esa gente conocida por su violencia y sus conflictos originados por la pobreza.

Sabemos por otro lado, que el catolicismo brasileño ha sufrido mermas en números debido a que muchos desencantados con la Iglesia católica se han trasladado a las filas protestantes, quienes durante estos días, en los medios de comunicación, han desatado una guerra contra la Iglesia cuando vemos esas multitudes ovacionando y orando con el papa que ha invitado a hacer la distinción en seguir a Jesucristo y la institución de la Iglesia.

No se trataba de hacer milagros ni de hablar mal de los protestantes, sino de buscar a Jesucristo, que creamos que era y es el verdadero motor de toda esa multitud que se agolpaba para recibir su bendición y esa bendición es la que quedó flotante para todos nosotros en un momento de explosión religiosa que nos levanta los ánimos y nos pone de nuevo en la carrera de darle vida a nuestra Iglesia latinoamericana que le hace frente a un mundo materialista y ateo reafirmando sus creencias en el Dios de Jesucristo.

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Viernes 14 de agosto de 2026