Un todo incluido en el Viejo Continente
Hablar de todo incluido automáticamente nos transporta a hoteles,resorts o paquetes en los que todo está previamente seleccionado. Hablar de Europa es hablar de muchas cosas, pero de cruceros es hablar de ciudades flotantes que te transportan en el tiempo, lugar y espacio de una forma por demás increíble, llevándote a rincones que difícilmente visitarías como punto de viaje principal. Hoy hablaremos del “Todo Incluido por el Báltico”.
Gracias a la conectividad de Panamá viajar a España y Holanda es una realidad; aprovechar la escala en Ámsterdam y por un par de días visitar los museos de fama internacional, como el de Arte Moderno, el de la Casa de Rembrandt -que fue el hogar y taller de Rembrandt-, el Museo van Gogh -que posee la mayor colección de pinturas de Van Gogh en el mundo-, el Museo de Cera Madame Tussauds, o el del Cine, también conocido como Filmmuseum, y la Casa de Ana Frank, donde su museo te muestra los momentos más íntimos de su agitada vida.
En un corto vuelo se conecta con Copenhague, puerto de partida hacia esta aventura sobre el océano. Es impactante ver los molinos de viento justo a la salida del mar para aprovechar la fuerza del viento; todo un portento de la energía eólica que tanta falta nos hace aquí. Este sistema energiza algunas islas aledañas.
Después de navegar tarde y noche amanecimos en Estocolmo. En solo horas y sin necesidad de empacar o desempacar estábamos en Suecia, donde la Sala de Conciertos es escenario de eventos como los premios Nobel; definitivamente se respira física, literatura y más.
Si quiere que sus hijos vivan una aventura increíble, llévelos al Museo Vasa, donde se encuentra, según dicen, el último navío del siglo XVII en perfecto estado, el cual fue rescatado de las profundidades del mar; su historia, madera y despliegue son fascinantes.
Dejamos una Suecia aristócrata, culta y bella para adentrarnos a una antigua “cortina de hierro”, como se le conocía al bloque soviético. Llegar a San Petersburgo, en Rusia, fue como lograr uno de los pendientes de mi “bucket list”, si bien lo conocía por mis libros de historia y geografía, los cuales están obsoletos por la apertura de nuevos países. Hoy nos encontrábamos en las tierras de los zares rusos y algunos de los museos más importantes del mundo.
Bajar en San Petersburgo no es tan fácil, debe solicitar con mucha anticipación y a través de una agencia certificada la contratación de un (a) guía que lo acompañe por todos los rincones que desee conocer hasta volver al barco para partir; horarios perfectamente sincronizados y revisión aduanal minuciosa.
Llegar al Hermitage ha sido toda una experiencia, quizá lo que ha valido todo el viaje; recorrer salas y salas y más salas de exhibiciones con pinturas, jarrones, mobiliario, oro, joyas preciosas y porcelana son interminables. Pasear por la Avenida Nevski, la Plaza del Senado, la Catedral de San Pedro y Pablo (en la Fortaleza), la Catedral de San Isaac, la Iglesia del Cristo Salvador de la Sangre Derramada, la Catedral de San Nicolás y de Nuestra Señora de Kazán y otras.
No pueden dejar de asistir a ópera o balleten uno de los teatros, tremenda sorpresa nos llevamos cuando los músicos de la entrada entonaban las notas del himno de Panamá conforme nos acercábamos; por supuesto, esto fue obra de nuestra guía, que hablaba 5 idiomas, además de pasar por una certificación turística.
Visitar los parques y fuentes de Petergoff es descubrir el arte en el diseño de fuentes, canales, árboles y arquitectura del paisaje.
Dejar St. Petersburgo no fue fácil, el volver quizá sea muy remoto. Nos quedamos con imágenes difíciles de plasmar maravillados por el detalle y cuidado de cada uno de sus tesoros que resguardan por siglos.
¿Cuándo nos imaginábamos conocer la ciudad de Tallin, en Estonia? Esta pequeña ciudad amurallada rodeada por el Golfo de Finlandia se congeló en el tiempo; la vestimenta tradicional, las costumbres, los mercaderes en las plazas y los pequeños restaurantes a orillas de los ríos le dan una sensación inigualable de paz y bienestar, un excelente pacificador después de visitar St. Petersburgo.
Después de este pequeño relax navegamos hacia Gdansk, Polonia, ciudad natal de Lech Walesa, quien fue presidente de Polonia y luchó por años por los derechos de los trabajadores. Esta fue nuestra antesala para llegar al puerto de Warnemunde, en Alemania, otro de los destinos más esperados, ya que tomaríamos un tren para Berlín, donde moríamos por conocer los restos del Muro de Berlín, el Museo del Holocausto y toda esa historia de las dos Alemanias, su cultura. La realidad fue muy fuerte, nuestra guía sufrió la separación de sus seres queridos. Todo sucedió en una noche y por 28 años ella estaba separada por el que algunos consideran el muro más conocido en la historia de la humanidad; hoy sus restos cuentan con obras de arte de pintores que plasman la libertad, la justicia, el amor a la vida y el color del amor. Berlín es una ciudad que te envuelve y al mismo tiempo te sacude.
Consultor de turismo