La salida de Etelvina Medianero de Bonagas de la rectoría de la Universidad Autónoma de Chiriquí (Unachi) no ha frenado la crisis institucional. Según denunció la profesora Edith Rivera, el reciente nombramiento del profesor Pedro González como rector interino representa una violación directa al estatuto universitario y una continuidad del esquema de gestión anterior.
Rivera sostiene que la designación de González responde a los intereses de la exrectora. Detalló que el actual rector interino formaba parte de la facción opositora conocida como "los rojos" y, tras restar fuerza a la oposición en el pasado proceso electoral, fue recompensado por de Bonagas con la Vicerrectoría de Investigación y Posgrado.
Violación al artículo 53 y secretismo en el Consejo General
La docente enfatizó en Nex Noticias que el artículo 53 de la normativa universitaria es claro: al concluir o separarse definitivamente el rector de su cargo, el periodo de sus vicerrectores designados expira automáticamente.
"El vicerrector académico, Jorge Bonilla, actuó como abogado y renunció porque la ley lo indica", dijo Rivera quien opinó que los demás vicerrectores estarían, según su versión, siguiendo instrucciones de la exrectora y estarían usurpando funciones que ya no les corresponden.
De acuerdo con el estatuto de la Unachi, ante la ausencia definitiva del rector, el cargo debe ser asumido por el decano electo con mayor antigüedad. No obstante, durante una sesión del Consejo General, desarrollada a puerta cerrada y con acceso denegado a profesores y estudiantes que protestaban afuera, se aprobó una resolución para imponer a Pedro González. La medida contó con el aval de casi todos los decanos, a excepción del profesor Rodrigo Serrano, de la Facultad de Comunicación Social.
Crisis financiera y denuncia ante la Contraloría
Debido a lo que consideran una flagrante ilegalidad, un grupo de docentes envió una nota formal al contralor general de la República Anel Flores para solicitar que se congelen los salarios de estos vicerrectores, argumentando que sus funciones cesaron legalmente con la salida de de Bonagas.
Deuda de 12 millones
El panorama que hereda la universidad es desolador, considera la docente, ya que más allá de la quiebra en los valores y el deterioro del clima organizacional, donde impera el miedo a la pérdida de la permanencia docente o administrativa si se critica la gestión, el descalabro financiero es crítico: el equipo saliente arrastra una deuda de 12 millones de dólares en cuotas retenidas a la Caja de Seguro Social.